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Dolor Crónico: una enfermedad que debe tratarse

Clasificación del dolor

El dolor agudo y el dolor crónico

En su evaluación, entre otros factores, el médico considera si el dolor es agudo o crónico.El dolor agudo empieza repentinamente y es de corta duración. El dolor intenso puede causar taquicardia, aumento de la frecuencia respiratoria y de la presión arterial, sudoración y dilatación de las pupilas.

El dolor crónico se define como el dolor persistente que dura varios días, semanas o más. Este término describe el dolor que persiste más allá del mes posterior al curso usual de una enfermedad o lesión y también se refiere al dolor que aparece y desaparece a lo largo de meses o años, o al dolor que se asocia a enfermedades de larga duración como el cáncer.

Generalmente el dolor crónico no afecta la frecuencia cardiaca ni la frecuencia respiratoria, así como tampoco afecta a la presión arterial ni a las pupilas, pero puede ocasionar alteraciones del sueño, falta de apetito y producir estreñimiento, pérdida de peso, disminución de la libido y depresión.

Dolor muscular o articular traumático

or(Fuente: Manual Merck para médicos en español -págs. 499 a 501) y Harrison's Principles of Internal Medicine Vol I. Thirteen Ed. Mc Graw Hill. International Edition, pág. 52)

La causa más frecuente de lesión muscular o articular es el uso excesivo (sobrecarga). Si se continúa con el ejercicio cuando aparece el dolor se puede empeorar la lesión. El uso excesivo puede deberse a no respetar el descanso de al menos 48 horas tras un ejercicio intenso, independientemente del grado de preparación. Las lesiones pueden deberse también a factores biomecánicos.

Para prevenir estas lesiones y el dolor resultante, es conveniente respetar un tiempo de calentamiento antes de iniciar el esfuerzo intenso. Unos pocos minutos de ejercicio pueden aumentar la temperatura hasta los 38°C, haciendo que el músculo sea más elástico, fuerte y resistente a la lesión.

Una vez producida la lesión, en primer lugar se recomienda el tratamiento agudo de la lesión mediante el control del dolor y reposo de la parte lesionada.

Los antiinflamatorios no esteroides (AINEs) son particularmente eficaces para controlar el dolor muscular y articular. Sin embargo, muchos AINEs suelen producir trastornos gastrointestinales. Actualmente, existen antiinflamatorios no esteroides que resultan menos agresivos para el sistema gastrointestinal que los tradicionales, los inhibidores de la COX-2.

Otros recursos para el tratamiento de la lesión incluyen reposo, la aplicación de frío, la compresión de la zona afectada y su elevación para reducir la inflamación. El médico también puede indicar el uso de inyecciones locales de corticoides, la práctica de un deporte diferente al que originó la lesión hasta que ésta desaparezca y el uso de plantillas o de calzado con determinadas características para controlar los factores biomecánicos.

Dolor postoperatorio

El dolor postoperatorio lo experimenta casi todo el mundo. Se trata de un dolor constante e intermitente que empeora cuando el paciente se mueve, tose, ríe o respira profundamente, o cuando se procede al cambio de los vendajes sobre la herida quirúrgica.

Después de la cirugía es habitual que se prescriban analgésicos opiáceos (narcóticos), cuya eficacia será mayor si se administran unas horas antes de que el dolor sea demasiado intenso. Se puede incrementar o complementar la dosis con otros fármacos si el dolor aumenta transitoriamente, si la persona necesita ejercitarse, o en el momento de cambiar el vendaje.

Con demasiada frecuencia se trata el dolor de forma inadecuada debido a que existe una preocupación excesiva acerca de la aparición de una dependencia con el uso de estos fármacos opiáceos. A pesar de ello, las dosis deberían administrarse según los requerimientos de cada caso. Tanto el personal de la salud como los familiares deben estar atentos a la aparición de cualquier efecto secundario de los opiáceos, como náusea, sedación y confusión.

Cuando se controla el dolor, los médicos suelen reducir la dosis, prescribiendo analgésicos no opiáceos, como los antiinflamatorios no esteroides (AINEs). Muchos AINEs suelen producir trastornos gastrointestinales. Actualmente, existen antiinflamatorios no esteroides que resultan menos agresivos para el sistema gastrointestinal que los tradicionales, los inhibidores de la COX-2.

Dolor menstrual (dismenorrea)

La dismenorrea es un dolor abdominal provocado por las contracciones uterinas que se produce durante la menstruación.

La dismenorrea causa dolor en la parte inferior del abdomen que se extiende hasta la parte inferior de la espalda o las piernas. El dolor puede consistir en calambres que aparecen y desaparecen o bien puede tratarse de una molestia sorda y constante. Por lo general, comienza poco antes de la menstruación y durante la misma, alcanza su máximo después de 24 horas. A menudo la mujer tiene dolor de cabeza, náusea, estreñimiento o diarrea y siente necesidad de orinar con frecuencia; en ocasiones, presenta vómito.

Recibe el nombre de dismenorrea primaria cuando no se halla ninguna causa subyacente y dismenorrea secundaria cuando la causa es un trastorno ginecológico. En general el dolor se alivia eficazmente con fármacos antiinflamatorios no esteroides. Estos fármacos son más efectivos si comienza su administración dos días antes de la menstruación y continúa durante el primer o el segundo día del flujo menstrual. Actualmente, existen antiinflamatorios no esteroides que resultan menos agresivos para el sistema gastrointestinal que los tradicionales, los inhibidores de la COX-2.

La náusea y el vómito se alivian con un medicamento contra la náusea (antiemético), pero estos síntomas suelen desaparecer sin tratamiento a medida que remiten las contracciones. Descansar lo suficiente, dormir y practicar ejercicios físicos con regularidad también puede ayudar a reducir los síntomas. Si el dolor continúa hasta el punto de interferir con la actividad normal, puede suprimirse la ovulación con anticonceptivos orales que contengan dosis bajas de estrógenos y progesterona o con medroxiprogesterona de acción prolongada.Si estos tratamientos son ineficaces, es posible que tengan que realizarse más pruebas adicionales, como una laparoscopia (un procedimiento en el que se utiliza un tubo de fibra óptica para examinar la cavidad abdominal).

Por otra parte, el tratamiento de la dismenorrea secundaria depende de su causa. Si se trata de un canal cervical estrecho puede procederse a su dilatación quirúrgica, lo cual proporciona entre 3 y 6 meses de alivio. Cuando el tratamiento no da resultado y el dolor es muy intenso, la desconexión de los nervios que van al útero puede resultar beneficiosa; las complicaciones de este procedimiento incluyen lesiones en otros órganos pélvicos, como los uréteres.

Causas y características de la dismenorrea primaria

La dismenorrea primaria, es decir, aquella en la que no se halla ninguna causa subyacente, es muy frecuente: afecta a más del 50 por ciento de las mujeres; es grave en alrededor del 5 al 15 por ciento. Se inicia, por lo general, durante la adolescencia y puede ser tan intensa como para interferir en las actividades cotidianas de la mujer y, en consecuencia, causar ausentismo escolar o laboral. La dismenorrea primaria tiende a disminuir de gravedad a medida que pasa el tiempo y después de un embarazo.

Se cree que el dolor de la dismenorrea primaria es el resultado de las contracciones del útero al reducirse la cantidad de sangre que llega a su revestimiento interno (endometrio). El dolor sólo tiene lugar durante los ciclos menstruales en los que se libera un óvulo y puede empeorar cuando el endometrio que se desprende durante un período menstrual pasa por el cuello uterino, en particular cuando el canal cervical es estrecho, como sucede, por ejemplo, después del tratamiento de determinados trastornos cervicales. Otros factores pueden ser una mala posición del útero (retroversión uterina), la falta de ejercicio y el estrés psicológico o social.

Causas y características de la dismenorrea secundaria

Dolor Crónico: una enfermedad que debe tratarseLa dismenorrea secundaria, es decir, aquella causada por un trastorno ginecológico, afecta a aproximadamente una cuarta parte de las mujeres. Una de las causas más frecuentes de dismenorrea secundaria es la endometriosis (crecimiento del tejido que recubre el interior del útero por fuera de éste).

También los fibromas y la adenomiosis (invasión benigna de la pared muscular del útero por parte de su revestimiento interno) pueden provocar dolor. La inflamación de las trompas de Falopio y las uniones fibrosas anormales (adherencias) entre órganos causan dolor abdominal suave, vago, continuo o más grave, localizado y de corta duración. Cada uno de estos tipos de dolor empeora durante la menstruación.

Dolor tras cirugía dental

(Fuente: Manual Merck para médicos en español, pág. 772)

La inflamación es normal tras las intervenciones quirúrgicas (como una extracción, particularmente, las molares), y suele ser proporcional al grado de manipulación y traumatismo. Pero si la inflamación no empieza a remitir al tercer día es probable que exista una infección, en cuyo caso es necesaria la urgente consulta con el odontólogo.

El dolor tras la cirugía suele ser moderado y se puede controlar con fármacos antiinflamatorios no esteroides. Actualmente, existen antiinflamatorios no esteroides que resultan menos agresivos para el sistema gastrointestinal que los tradicionales, los inhibidores de la COX-2.

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